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Mostrando entradas de enero, 2015

Alguien tiene que ceder

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La crisis venezolana no es tan simple como lo quieren hacer ver los amigos de las políticas exteriores intervencionistas, proclives a la omisión de la diplomacia en su más pura expresión y muy apegados a los dictados de la ideología. Venezuela atraviesa por una profunda crisis social, marcada por la división ideológica y la existencia de un régimen renuente al disenso; en síntesis, en el país petrolero coexisten dos sociedades antagónicas, separadas por las tesis fundamentales de sus corrientes de pensamiento político y económico. El esquema que mejor modela esta situación se define por la existencia de dos partes involucradas: el régimen venezolano, dueño del poder militar, de la mayoría de los organismos estatales y de la propaganda, defensor de un sistema económico de inspiración socialista y de un sistema político alejado del pluralismo y, por el otro lado, la oposición, que cuenta con una situación de desventaja y es que carece de un liderazgo único y se presenta dividida

Sobre cómo la embarré.

En 2009 empecé a hacer voluntariado en Bogotá con la fundación Un Techo para mi País. La verdad, lo acepto, me movió el interés de conocer esas zonas alejadas de la cotidianidad y empezó más como curiosidad. Me quedé por convicción y cuando regresé a Cali, decidí seguir aquí aunque los recursos eran menores y la dinámica diferente. En 2011 llegó la oportunidad de tener, además, mi primer trabajo: ser parte del equipo implementador de la oficina en Cali con todo el proceso y el respaldo técnico de la oficina central en Bogotá. Con un contrato a término indefinido y con un salario nada mal para alguien que no hacía mucho tiempo cumplió los 20 años, empecé en la tarea. El futuro era brillante y nada podría hacer pensar que las cosas salieran mal. Excepto yo mismo. En 2011 el inicio fue realmente bueno. Eran pocos recursos, se manejaban con bastante acompañamiento de la gente en Bogotá y terminamos el año con buenos resultados. Empezamos a construir viviendas en Candelaria y Jamundí,

Mariana en problemas

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Clichy-sous-bois es una comuna ubicada en la región de Ile-de-France, en las afueras de París, conocida por ser una zona densamente poblada por trabajadores, especialmente de origen extranjero. En 2005, luego de unos confesos hechos, un joven de origen maghrebí murió electrocutado; la policía francesa fue acusada de haberlo perseguido y precipitado así su trágica muerte. Como una reacción en cadena, los suburbios de la Capital y de otras ciudades de Francia fueron testigos de disturbios y una violencia desenfrenada que pusieron al descubierto una realidad: la cohabitación de dos sociedades que se ignoran y que configuraron sentimientos de desigualdad que iban en contravía del sueño sobre el que fue edificada la República francesa. Los jóvenes franceses descendientes de humildes inmigrantes se veían a sí mismos como ciudadanos de segunda, sin los mismos derechos y las oportunidades de otros compatriotas. Esta semana Francia volvió a ser protagonista luego que unos jóvenes frances

La delgada línea roja

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El asesinato de 12 personas a manos de unos fanáticos religiosos en París ha tenido en tensión a buena parte del mundo. No deja de sorprender y desconcertar que la plana mayor de una publicación haya desaparecido por expresar sus ideas con sátira, a veces burla, a manos de quienes no dudan en disparar un fusil invocando el nombre de Dios. Muchos nos hemos sentido especialmente tocados por este caso, ya sea por la filiación con la prensa libre, con ese país o por lo chocante de la situación; de allí que las manifestaciones de solidaridad y dolor no hayan sido menores. Sin embargo, no ha sido menos sorprendente que algunos, cuando los cadáveres no han terminado de ser levantados de la carnicería brutal, pongan la discusión sobre el estilo que usaban los periodistas desaparecidos. En cualquier escenario, parece que cuando esta discusión se lleva a cabo en un momento tan difícil se relativiza una muerte horrible y repudiable. Si no fuera Charlie Hebdo sino el National Hebdo (diario

El dividendo retenido

Si se concreta la firma de un acuerdo que ponga fin al conflicto armado en Colombia, estamos frente a una oportunidad muy grande de consolidar algunos avances en materia económica que impulsarán al país aún más adelante de lo que ha venido ocurriendo: se espera que el producto crezca a tasas mayores y que las brechas entre regiones se cierren a una velocidad superior a la actual -se espera que Chocó, al ritmo actual, alcance el nivel de ingreso de Bogotá en ¡dos siglos!-. Así mismo, las pérdidas de capital se reducirán al igual que la incertidumbre, lo que supone que los agentes estarán en condiciones de asumir mayores riesgos y busquen actividades económicas más rentables. Sin embargo, ¿será esto suficiente?, la respuesta es no. El final del conflicto armado no será suficiente para que los colombianos aspiremos a un país diametralmente distinto al que tenemos, aunque ciertamente sin un grupo armado ilegal tan poderoso y desestabilizador como las Farc es de esperar que las cosas vayan