Y luego del voto, ¿qué?
En mayo de 2002, Francia se levantaba con la sorpresa que el candidato de la derecha, bastante lánguido y agotado por los propios golpes de la política, Jacques Chirac, iba a la segunda vuelta de la elección presidencial con el representante de la extrema derecha más radical de Europa: Jean- Marie Le Pen, aquel que se quejó porque la selección francesa de fútbol no tenía rubios y quien catalogó al Holocausto judío como una pequeñez en la historia universal. No había más opciones para los franceses: elegían al candidato Chirac, con líos de faldas incluidos y una popularidad discreta, o daban camino al radicalismo del Front National y hacían que la integración europea se fuera al traste, así como la Unión monetaria y la integración con sus vecinos. Finalmente Chirac se alzó con el 80% de los votos, muchos de ellos de sectores que evidentemente no compartían tesis pero que les unía un propósito común: salvar a Francia del extremismo. Luego, como lo cuenta la historia, los espectros se es...